9.5.05

Spiderman

Mi hermano debía de tener cuatro años. Yo tenía quince o dieciséis, sin que esto sirva de excusa. Estábamos en la casa de campo de mis abuelos, en un patio en el que solíamos jugar al fútbol. Había bastante gente, entre familia y amigos (se trataba de alguna celebración, no recuerdo bien) y yo trataba de captar la atención de los allí presentes –sobre todo, por qué no decirlo, de las muchachas de mi edad– dando toquecitos al balón sin que éste llegara a caer al suelo. Llegué a oír algún murmullo de admiración cuando me acercaba a los treinta.
Y entonces apareció mi hermanito, gritando, disfrazado de Spiderman, corriendo, emocionado. Su llegada fue celebrada con risas y palmadas, y en seguida se quedó con la atención de todos los que hasta el momento me miraban sólo a mí. Seguía corriendo, y, al pasar a mi lado, no sé todavía por qué, le puse una zancadilla. Yo ya estaba arrepentido antes de que tocara el suelo. Lo levanté, lo cogí de los brazos y le pedí perdón, unas cien veces. Él no lloraba. Sólo trataba de zafarse de mi intento de abrazo, y luchaba con rabia por golpearme. Una mueca, que intentaba ser una sonrisa, asomaba en su cara. No lloraba. Ojalá lo hubiera hecho. Ojalá hubiera ido a contárselo a mi madre. Ojalá me hubieran echado una buena bronca.
Seguramente hoy, doce, trece años después, no seguiría sintiéndome tan mal por haberlo hecho.

2 comentarios:

Botas de agua dijo...

Yo también tengo algunos recuerdos así, que me llenan de mala conciencia cada vez que me vuelven a la mente, pero si lo piensas bien, somos nosotros quienes le damos una mayor gravedad y dimensión de la que tuvieron.
Sin embargo el post me gustó mucho.

rfm dijo...

no lo había pensado así, pero seguramente tienes razón.

gracias ;)

 
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