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20.4.09

Para pasar a la historia

Desde pequeño tengo una inquietud. No es que me haya quitado demasiadas noches de sueño, ni me haya dejado sin comer muchos días, pero es relativamente importante. Lo de "relativamente" no va con segundas, pero estoy hablando de los viajes en el tiempo, y la inquietud es la siguiente: ¿sería capaz de utilizar el conocimiento actual al viajar al pasado para, de algún modo, pasar a la historia como el inventor o descubridor de algo?

Evidentemente, todo depende de la época en la que me sitúe mi viaje en el tiempo: por ejemplo, si viajara al s. XIV podría dibujar un misterioso mapa en el que aparecieran dos casquetes polares, un continente al sur de Filipinas y un Nuevo Mundo bastante detallado. Si mi viaje se remontara a los albores de la humanidad, tal vez podría inventar la rueda, o la escritura. ¿Podría hacer míos varios éxitos de Los Beatles si viajara a finales de los cincuenta del siglo pasado? Creo que eso es más difícil.

Bueno, pues estas inquietudes han sido parcialmente calmadas gracias a esta maravillosa Chuleta para viajeros en el tiempo:


(Aquí la podréis ver mejor)

Gracias a esta chuleta, que deberán llevar siempre a mano, porque nunca sabe uno cuándo va a viajar en el tiempo, podrán inventar máquinas voladoras, fabricar brújulas, usar penicilina antes de que el Dr. Fleming empiece a dejarse sus placas de Petri por el medio, tratar la diabetes con insulina y otra serie de cosas bastante útiles para ayudar a la humanidad antes de que lo hagan otros y pasar a la historia como grandes genios benefactores.

De nada. Y nunca olviden la toalla. ¿O eso era para viajes por el espacio?

Vía Microsiervos


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24.3.08

En mis trece

He tenido poco tiempo para poner en marcha la "operación apostasía", pero es probable que entre esta semana y la que viene lo haga, facilitando la tarea, mediante este blog, a quien se anime a hacerlo tamibén. Mientras tanto, disfruten de esto:

Si el cuadro general de un gran estallido seguido de una expansión del universo es correcto, ¿qué ocurrió antes de eso? ¿Estaba el universo vacío de toda materia y más tarde la materia fue de algún modo creada repentinamente? ¿Cómo ocurrió esto? En muchas culturas, la respuesta habitual es que un dios o unos dioses crearon el universo a partir de la nada. Pero si queremos profundizar valerosamente en esta cuestión debemos, naturalmente, hacernos la pregunta inmediata: ¿de dónde viene dios? Si decidimos que ésta es una pregunta imposible de responder, ¿por qué no saltarnos un escalón y concluir que el origen del universo es una pregunta sin respuesta? O, si decidimos que dios siempre ha existido, ¿por qué no saltarnos un escalón y concluir que el universo siempre ha existido, que no hay necesidad de una creación porque ha estado aquí siempre?

Hablando del tema, ya ha pasado un tiempo desde que, siguiendo los consejos de varios lectores de este blog, escribí un e-mail a la editorial Espasa más o menos en estos términos, aunque tal vez en un tono algo más amable, quejándome de la traducción de The God delusion (vean en los comentarios del referido post algunos ejemplos más del horrible trabajo de la traductora).

No he obtenido respuesta alguna, ni noticia acerca de ediciones revisadas o corregidas, pero buscando, buscando, he dado con algo muy interesante vía Magonia: el documental de The God delusion. Una buena manera de pasar este lunes festivo gracias a que un señor murió hace dos mil y pico años tal día como anteayer.

Actualización (mismo día, una hora después): el documental que enlazo más arriba es altamente recomendable y no es sino uno de los varios capítulos de una serie dirigida por Richard Dawkins, que seguro que también merecen la pena.

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17.1.08

He visto la luz

Hace unos días, en uno de esos entretenidos ejercicios de fin de año que llevan a cabo los distintos medios (ya saben: las mejores películas, los mejores libros, las peores resacas), la revista Edge.org preguntaba a algunas de las mejores mentes de nuestra generación (Ginsberg dixit) acerca de aquello sobre lo que habían cambiado su forma de pensar a lo largo de 2007.

Creo que, parafraseando el manoseado refrán, todos nos acostamos cada día con algún pensamiento nuevo o distinto. Nuestra forma de ver las cosas cambia con cada pequeña experiencia que vivimos, y este año, un cúmulo de circunstancias personales que hay que sumar a lo vivido estos últimos 31 años me han hecho plantearme un cambio importante. En concreto, he de reconocer que la lectura de textos de Dawkins, Harris o Russell han puesto en funcionamiento algunas de las pocas neuronas disponibles que me quedan y han hecho cristalizar ciertas ideas que rondaban mi cabeza casi desde que tengo uso de razón.

Recuerdo haber creído en Dios en algún momento puntual de mi vida. Sin embargo soy consciente de que ese sentimiento ocasional y lejano (creo que la última vez debía de tener unos once o doce años) siempre fue azuzado por alguien, y no de un modo precisamente asertivo. La mayor parte del tiempo he sido consciente de que la única persona responsable de mis actos soy yo mismo, de que esta vida es lo único que tengo para disfrutar, de que cuando esto se acabe volveré al lugar del que vengo, que es ninguna parte, y de que la única eternidad a la que se puede aspirar está, como decía Javier Krahe, en el cromosoma y en el aroma que desprenderán las flores de mi cabeza cuando esté criando malvas.

Tras mucho tiempo de agnosticismo pasivo, de despreocupación por el asunto, a pesar de la claridad de mi pensamiento con respecto a los puntos del párrafo anterior y muchos otros, 2007 se ha presentado como el año de mi "conversión" al ateísmo. Rige mi vida la razón (más o menos, tampoco hay que ser presuntuoso), y lo que siempre he tenido claro se ha concretado (gracias, neuronas, aunque seáis pocas os quiero) en que, tomando la expresión de Dawkins, es casi seguro que dios no existe.

No ocultaré, y el lector habitual de este blog lo sabrá, las pocas simpatías que me despierta la religión organizada. Es cierto que aquí he hablado, sobre todo, de la Iglesia Católica, porque es lo que tengo más a mano y lo que, en cualquier caso, ha tratado de serme impuesto por algún sector familiar desde que era un niño. También es cierto que estoy bautizado y que en algún registro eclesiástico se inscribió mi nombre, como católico, hace poco más de treinta años. Sirva este texto para desagraviar a la Iglesia Católica: la misma aversión siento hacia cualquier otra organización que, como poco, incite a las personas a basar su vida en la superstición y el miedo.

Y también es cierto que pretendo que, en breve, esa inscripción del registro desaparezca. Voy a apostatar, voy a desaparecer del listado de presuntos supersticiosos y voy a continuar viviendo la vida como hasta ahora: libre y feliz.

Les mantendré informados.

7.1.08

Emancipación

Ayer me levanté, abrí la puerta del salón y constaté, una vez más, que los reyes eran los padres.

13.12.07

31

Bueno, me queda el consuelo de que Sergi es más viejo.

La viñeta, una vez más, de The Perry Bible Fellowship.

29.11.07

Todos nos hacemos viejos

"Últimamente está muriendo mucha gente que no se había muerto antes".

Lo ha dicho mi abuelo, hace un rato, en un arranque de genio.

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20.11.07

Max, el superrealista

No podría expresar mejor que Álvaro Pons en su blog lo que opino de Max: "El mejor de los mejores".

Mi primer encuentro con la obra de Max (de quien hablé aquí hace poco) tuvo lugar a través de los Víboras que le robaba a mi tío hace casi veinte años (sí, fui precoz con el underground). La línea no era tan clara como lo fue después; todavía era bastante juvenil el tratamiento de los temas políticos; no se vislumbraba, ni en la lontananza, influencia alguna de la escuela TBO, y las historias que contaba no tenían, en general, grandes pretensiones.

Los encuentros con Max fueron contadísimos hasta que yo mismo empecé a comprarme el Víbora y coincidí con alguna historia corta suya, especialmente con la impresionante "Nosotros somos los muertos", una descarnada metáfora realista sobre la guerra de los Balcanes.

La publicación en El Víbora por capítulos de "El prolongado sueño del señor T.", en mi opinión una de las obras maestras de Max (lo mismo debieron de pensar los miembros del jurado del Saló del Còmic de Barcelona ese año, que le concedieron el premio al mejor guión por esa obra), coincidió, más o menos, con el inicio de la publicación en La Cúpula de sus obras completas, donde pude disfrutar de nuevo de los cómics que había leído en mi primera adolescencia y donde descubrí todo lo que me había perdido durante el lapso de tiempo que va desde las lecturas furtivas en casa de mi tío a mis inicios como lector consolidado de El Víbora. Especialmente interesantes me parecieron las historietas recopiladas en "Como perros" y en "El canto del gallo", sin olvidar los juveniles tomos protagonizados por Gustavo y "El carnaval de los ciervos". Y sus relatos mitológicos, como aquél en el que cuenta la historia de la torre de Babel o aquellaque narra el triste destino del dios griego Pan.

En sus exposiciones, Max también ha mostrado su gusto por la mitología. Aquí, Orfeo.

Después descubrí la revista "Nosotros somos los muertos", título que Max tomó prestado de su propia obra para bautizar la intermitente publicación que desde finales del pasado siglo hasta este mismo año aglutinó a quienes luego han acabado siendo mis autores contemporáneos favoritos (internacionales, como Mattoti, Zograf o Mazzuchelli, y de casa, como Alcázar o Fontdevila). Esta revista, igual que los últimos números de El Víbora, contenía las primeras historietas de Bardín, el superrealista (en realidad superrealista, y no surrealista es la traducción correcta del término francés surrealiste, pero esto es una anécdota pedante y estúpida que no viene a cuento).

Tras el tránsito del puro underground (supongo que es una cosa bastante personal, porque no he leído la referencia en ningún otro sitio, pero Gustavo y los personajes de la época me recuerdan un poco a una versión light de Shelton) a la línea clara elevada a su máximo exponente, y su papel de gurú, voluntario o no, qué más da, del cómic alternativo (cómo odio esta palabra en estos contextos) en NSLM, Max ha llegado a la culminación de su obra con este personaje sacado directamente de las páginas del TBO: los rasgos de Bardín, los trazos aparentemente sencillos del dibujo del personaje -en este sentido, recomiendo el libro de esbozos "74 dibujos y pico"-, los colores ajados, desgastados, algún recurso gráfico-narrativo añejo e infalible (el interlocutor que cae de espaldas en la última viñeta, como lanzado por la fuerza de la punch line de la historieta) se combinan con guiones que contienen elevadas referencias, obsesiones enfermizas y juegos aparentemente inocentes que contienen, en realidad, profundas e interesantes reflexiones.

No se me ocurre otro autor que merezca el premio más que Max.

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22.10.07

Jueces fuera de la realidad

Dice El País que dice el ministro de justicia que

"El Gobierno planea que los mejores expedientes accedan a la judicatura sin oposiciones".

Y como de esto sé un rato (en concreto, tres años de rato), diré que es la medida política más inteligente que he oído en años. Aunque, la verdad, o el titular se queda corto con lo que se propone Bermejo o Bermejo se ha quedado corto adoptando una medida que a todas luces se queda a medio camino. Copio y pego:

Y es que Bermejo quiere que los nuevos jueces, además de "buenos operadores en Derecho" y expertos conocedores de la ciencia jurídica, sean personas "impregnadas de vida", que estén "en contacto con la sociedad" y que tengan experiencia vital".

"Me gustaría que los jueces pasaran por un tiempo por los servicios de urgencias de los hospitales y que conocieran lo que es la tensión en el trabajo. Pero que lo vivieran, no de paso", ha señalado el ministro, que apuesta por que los futuros profesionales acrediten también el conocimiento de las instituciones europeas y de alguna lengua extranjera.

En opinión del ministro, este nuevo sistema de acceso a la carrera judicial debe "complementar" el actual modelo de oposición, basado en la memorización de un extenso temario que exige años de preparación y en un posterior período de prácticas y formación en la Escuela Judicial. Actualmente el tiempo medio de preparación de los nuevos jueces es de cinco años y medio, en los que la mayoría de los opositores están "aislados" y "alejados de la realidad", manteniendo únicamente el contacto con sus preparadores, lo que "no es bueno", según Bermejo.

Los que me conocen saben que esto es exactamente lo que pienso desde que abandoné la preparación para los exámenes de ingreso a la carrera judicial.

Un juez, para llegar a serlo, debe ser capaz de repetir mecánicamente, durante una hora y quince minutos, cinco temas, de quince minutos de duración cada uno, elegidos al azar de entre no recuerdo cuántos. Y así, dos veces, con dos temarios distintos.

Y les aseguro que para ser capaz de aprenderse de memoria cerca de trescientos temas de esa manera (no se hagan ilusiones con pausas, entonación o tiempo para pensar cómo armar bien una frase; piensen más bien en la cadencia de una metralleta*) hay que ausentarse de la realidad durante un tiempo (cinco años calculaba yo, cinco y medio el sr. ministro).

No seré yo quien les tenga que explicar que preferiría, como regla general, que quien circunstancialmente deba decidir sobre mi destino en un momento dado (y, de momento, hipotético) de mi vida, no fuera alguien que ha vivido cinco años (y medio, según el sr. ministro) fuera de la realidad.

Pasaré por alto, porque eso del marxismo está muy feo, hablar acerca del sector de sociedad al que peor le viene que un miembro de la familia se tire entre los veintidós y los veintisiete años y medio (aproximadamente y siempre según cálculos del sr. ministro) seis días a la semana encerrado en su habitación sin ningún resultado o beneficio garantizado y qué consecuencias tiene eso en la clase de persona ante la que nos encontraremos cuando digamos: "señoría, yo no fui".


*En concreto, imaginen a un loro repitiendo el artículo 361.1 del Código Penal. Les aseguro que yo era capaz de decirlo así:
"Losqueprovocandoexplosionesoutilizandocualquierotromediodesimilarpotenciadestructi-
vacausarenladestruccióndeaeropuertospuertosestacionesedificioslocalespúblicosdepósitos-
quecontenganmaterialesinflamablesoexplosivosvíasdecomunicaciónmediosdetransporteco-
lectivosolainmersiónovaramientodenaveinundaciónexplosióndeunaminaoinstalaciónindus-
triallevantamientodeloscarrilesdeunavíaférracambiomaliciosoenlasseñalesempladasenelser-
viciodeéstaparalaseguridaddelosmediosdetransportevoladuradepuentedestrozodecalzadapú-
blicaperturbacióngravedecualquierclaseomediodecomunicaciónperturbaciónointerrupción-
delsuministrodeaguaelectricidaduotrorecursonaturalfundamentalincurriránenlapenadepri-
siónde10a20añoscuandolosestragoscomportarannecesariamenteunpeligroparalavidaointe-
gridaddelaspersonas".




28.9.07

A los buenos profesores les gusta Daniel Clowes


Leo en The Beat, vía Boing Boing, que un profesor de instituto en New Haven, Nate Fisher, ha dimitido de su cargo tras ser expedientado por el centro. El motivo: haber recomendado un número de Eightball, de Daniel Clowes, a una alumna de catorce años. Los padres de la joven
se quejaron de que ésta pasaba por problemas en el colegio derivados de que el resto de alumnos la culpaban de la renuncia del profesor, muy popular entre la muchachada. Haciendo un salto lógico un tanto forzado, los padres culpaban al profesor de tales problemas. Dado que únicamente se ha presentado, en relación con esta parte del problema, la versión de los padres, eludiré pronunciarme al respecto.
El caso es que la otra parte de la polémica consiste, para no variar, en la determinación de si la obra en cuestión es o no pornografía. Charles Brownstein, director ejecutivo de la Fundación para la Defensa Legal de la Novela Gráfica, expresa con bastante claridad el quid de la cuestión, que es tan antiguo como la historia de la censura:

"Somebody could do a superficial glance of the material and not put the contextual pieces together, thereby perhaps seeing a panel with violence, perhaps seeing a panel with nudity and taking the image out of context as something that it’s not. The more people are educated about the category, the less those sorts of misunderstandings occur."
Más o menos:
"Algunos pueden echar un vistazo superficial al material y sacar de contexto algunas de sus partes, viendo una viñeta que contenga violencia, otra que contenga un desnudo, y llegando a conclusiones erróneas fruto de la descontextualización. Cuanto más se eduque a la gente al respecto, menos malentendidos de este tipo existirán".

Cierto. Daniel Clowes es inquietante, descarnado, y desconoce absolutamente el concepto de autocensura: no existen los tabús en su obra. Pero ¿pornografía? Es discutible que su obra sea adecuada para una niña de trece años (siempre he pensado que estas cosas dependen más del grado de madurez de uno que del tiempo que lleve arrastrando el trasero por las calles de este triste mundo), pero sí que puedo decir que Clowes es un autor que me gustaría haber leído en mi adolescencia. Lo descubrí tarde (hace unos diez años), pero lo considero una lectura que, al estilo de "El guardián entre el centeno", puede resultar útil para superar con éxito y sin traumas esa época tan extraña de nuestras vidas.

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26.9.07

El cumanés

Hace algunos años (bastantes años, en realidad: creo que sólo había dos canales de televisión) hacían los domingos por la tarde un programa dirigido y presentado por Juan Tamariz llamado, muy adecuadamente, Magia Potagia.

En la época en que bastaban un par de cámaras, una mesa con tapete, un paquete de cartas y algunos tíos con talento descubrí al mago René Lavand. Lavand sólo tenía un brazo, el izquierdo, dado que había perdido el derecho en un accidente durante la infancia. Con ese brazo izquierdo, alma de tahúr bondadoso y las historias con las que acompañaba sus "entretenimientos" (historias que, por cierto, ahora que ya tengo una edad y cierto criterio, aprecio más aún que entonces), René Lavand contaba cuentos como el del cumanés, el jugador de Elisabeth.


Hoy René Lavand cumple 79 años, sigue trabajando y tiene el mismo aspecto entrañable que cuando veía Magia Potagia los domingos por la tarde hace dos décadas.

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20.8.07

Por aquí andamos

Pues eso, que ya estamos de vuelta. Todavía ando con horarios trastocados y con la rutina deshecha, pero me he traído algunas cosas que contar de Europa central.

De la orilla del Rihn a Heidelberg. De la Selva Negra, entre historias sobre el mítico y voraz Grussenschwein narradas a la sombra de cerveza fresca de Alpirsbrach, a Munich. De Dachau y su terrible historia al cuento de hadas del horripilante castillo de Neuschwanstein. Del tranquilo Mumelsee al agobiante Constanza. Del valle del Mosela a los primeros picos alpinos.

Dos mil kilómetros en coche por el sur de Alemania dan para ver:

1. Un poco de publicidad bávara:


2. Una puerta verde (y otra noche sin dormir).


3. Y, por último, una vidriera roja.



Y continuará.

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22.7.07

Confesiones (meme)

Me envía Nairu (que debe de ser el tío que más libros de economistas liberales ha leído de toda la blogosfera) un meme en el que debo confesar ocho datos sobre mí. Ahí voy:

1. Tengo 31 30 años, 29 28 de los cuales los he pasado en Valencia. Los otros dos en París: el 81 y el 86.

2. Precisamente en París, Parque de los Príncipes, mes de mayo del 81, presencié la final de la Copa de Europa entre el Real Madrid y el Liverpool, a la tierna edad de cuatro años. Recuerdo que me llevé un cómic del oso Yogui y que me dormí durante el partido, ante la desesperación de mi buen padre. El Madrid perdió.

3. Soy abogado. Sin embargo, el derecho sólo me apasiona en el plano teórico. La práctica la sobrellevo con mayor o menor suerte y alegría.

4. Desde hace muchos años la música me tiene atrapado. Toco varios instrumentos con cierta soltura y estoy grabando un disco desde hace dos semanas, en mis ratos libres. Si de aquí a dos o tres meses tengo algo decente, probablemente lo publicaré en internet.

5. Soy muy casero. Me gusta estar en casa hasta tal punto que muchas veces miento a mis amigos diciendo que he quedado una noche con otra gente para quedarme en casa.

6. Duermo una media de seis horas diarias, lo cual no impide que SIEMPRE llegue tarde a trabajar. Me gusta desayunar tranquilo y leer los periódicos en internet. En realidad es una tontería, porque nada más llegar al trabajo, si no tengo nada urgente, suelo meterme en internet igualmente.

7. Fumo. Empecé tarde (como a los 19 ó 20 años), en comparación con el fumador medio, y lo dejé cuando tenía 25 años. Hasta los 28 no volví a probar un cigarrillo y me convertí en un vicioso del deporte. A los 28 años dejé el deporte y volví a los cigarrillos. Todavía no sé cómo ocurrió. Ni lo de dejarlo ni lo de volver.

8. Durante tres años preparé oposiciones a juez. Fueron, seguramente, los tres peores años de mi vida. Aunque entonces no fumaba.

Me gustaría conocer más a Sergisonic, Botas de agua, Amandine y Los pasos que no doy. Por eso les envío este meme.

Actualización: gracias a Sergisonic me he dado cuenta del extraño lapsus. Corrijo mi edad. Cumplo 31 años en diciembre, pero todavía no soy tan viejo.

27.6.07

Viejas fotos

Echando un vistazo a viejas fotos, me doy cuenta de que me curraba mucho más el disparo cuando no tenía Photoshop:

arcoiris V

También me doy cuenta de que el cielo abierto que se veía desde mi dormitorio en casa de mis padres era un regalo para la vista. Y de que, probablemente, pasaba demasiado tiempo en mi habitación.

Más recientemente, empecé a estropearlo con el zoom digital:

la patacona

Lo cual, especialmente en este caso, es una lástima.


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8.5.07

Louisiana

No, no voy a hablar de la tierra del jazz en la que duermen intranquilos los habitantes de la Big Easy. No de esa Louisiana, sino de esta otra. O sea, del Museo de Arte Moderno Louisiana, en Humlebaek, Selandia, Dinamarca, al norte de Copenhague.

Al hilo del último post del Chico Gris, he recordado aquella lejana tarde de agosto en la que, encontrándome de vacaciones en Copenhague, y creyéndome una eminencia en arquitectura por haber leído un par de libros en los que mencionaba a Mies, Le Corbusier o Gropius, entre otros, le pregunté a una arquitecta danesa cuál era su edificio favorito. Ante mi sorpresa, en lugar de hablarme de la obra de Mies para la exposición de Barcelona, de la Villa Savoie o de cualquier edificio de la Bauhaus, me habló de Louisiana, confesando además que no recordaba el nombre del arquitecto.

No recuerdo exactamente cuáles fueron sus palabras, porque probablemente dejé de escucharle ante la decepción que supuso darme cuenta de que yo sabía más de arquitectos cool que ella, que era arquitecta (sí, así de imbécil era yo). Pero sí que guardo en mi memoria una idea general de lo que dijo acerca de Louisiana, que describió como la conjunción perfecta entre la obra y el contexto natural.

Sólo unos días después tomé el tren camino de Humlebaek/Louisiana. Tenía muchos días por delante, y a pesar de que apenas me había interesado por el entusiasmo de la arquitecta pensé que no estaría mal ver algunas obras de arte de Giaccometti, Moore o Calder.

Cuando fui me encontré con un viejo edificio blanco, bastante poco atractivo, en el que se encontraba la taquilla y el acceso al resto del museo, que no se veía desde la calle.

Pero al entrar me encontré con esto:


Con esto:


Y con esto:


Ese día me di cuenta de que efectivamente era imbécil y que aquél era de los lugares más maravillosos en los que había estado nunca.

En serio, dejaos de sirenitas y tío-vivos; si hay algo que merece la pena en Dinamarca es esto. Bueno, esto y la Tuborg.

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2.5.07

Cucarachas de oro

En el jardín de nuestra nueva casa salen flores hasta de las plantas que no sabía que daban flores. Un aloe que tengo desde hace cuatro o cinco años me ha hecho esto:


Lo de mi jardín me lo ha recordado esta noticia, según la cual el Museo de Ciencia Natural de Houston pagará 25 centavos por cada una de las mil primeras cucarachas vivas que reciba. Al parecer, van a abrir una nueva sección de entomología en el museo, y se ve que en aquella zona no hay ningún Taco Bell o Kentucky Fried Chicken de donde sacarlas.

Y digo que me lo ha recordado esta noticia porque ante la "plaga de cucarachas" que asoló nuestra casa el pasado verano (dos en total), mi chica pretende tomar medidas drásticas, que me temo puedan llegara a plantear la destrucción total o parcial del jardín.

Digo yo que para qué cargarnos el jardín o estar venga a darle al ORO, si podemos ganar hasta 400 dólares si nos damos mucha prisa.

Notas:
1. Cuando digo "jardín" de mi casa me refiero a las diez o doce macetas de la terraza, tampoco flipemos.
2. Cuando digo Taco Bell o KFC, podría decir muchos otros sitios. Y más.

Nota a la nota 2:
Cuando digo "muchos otros sitios", no quiero decir ni que no haya comido nunca en "muchos otros sitios", ni que descarte hacerlo en el futuro. Pero estos ojos han visto muchas cosas.


25.4.07

Autorretrato robot


En realidad, no se parece casi nada, pero por lo menos es divertido trastear un rato en Flashface.

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28.3.07

Autorretrato


Leí en un cuento de Philip K. Dick el siguiente retrato:

"Era una vida modesta, como la mayoría de las vidas. No pedía demasiado y no se quejaba, normalmente, de lo que recibía. Aunque no entendía el sistema impositivo que recortaba sus ingresos, lo aceptaba. Aceptaba cierto estado de penuria del mismo modo en que consentía que una muchacha no quisiera acostarse con él. En cierto sentido, eso lo definía, era su medida. Soportaba lo que no le gustaba, y consideraba esta actitud como una virtud. La mayor parte de la gente que tenía autoridad sobre él lo consideraba una buena persona".

Me di cuenta, no sin cierta tristeza, de que habla de mí.


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15.3.06

Viaje de ida/viaje de vuelta

Viaje de ida

Sucedió en el Instituto de Arte Moderno, la exposición era de Charles Simonds. Pequeñas ciudades (no maquetas, sino realmente pequeñas ciudades) donde vivieron fantásticos hombres diminutos, los "little men"; restos de una civilización desaparecida desde siempre. Las ruinas de aquellas construcciones mitológicas contenían rastros de vida, de una riqueza extinguida. Todo inerte en esos paisajes fantasmagóricos, tal vez marcianos o lunares, pero se adivina que alguna vez, hace tiempo, pequeños seres habitaron esas tierras.

Y, de repente, ahí estaba yo. En el centro de ese pedazo de mundo extraño, sobre una colina rojiza desierta estaba yo, un "pequeño hombre", caminando decididamente, lejos de todo, dejando sólo mis huellas, llevándome sólo mis recuerdos.


Viaje de vuelta

El tren rompe la noche, atraviesa el frío, cabalga hacia el mar, mi casa. La luna se mueve rápidamente tras las nubes.

En pantalla, un gran duelo de actores: Tony Curtis está a punto de descubrir, gracias a Henry Fonda, que él mismo es el estrangulador de Boston. Todo se detiene, y los recuerdos de la noche anterior revolotean dentro de mi cabeza. Estoy confuso.

Primero la conversación, la bebida, la risa, la gente. Después, los besos, las caricias, el amor, la complicidad, la ternura. Oír, al despertar, la respiración de otra persona a mi lado. Ella abre los ojos y sonríe. Todo sigue igual, todo es perfecto.

Una ducha, un paseo, una cerveza que acabe con la resaca de una vez por todas. Una sobremesa cálida y tierna. Una despedida: todo sigue igual, todo ha sido perfecto.

El tren se abre paso a través de la oscuridad y la lluvia. Ya veo las luces de mi ciudad. Tony Curtis está llorando. Yo no. Todo está cambiando. Todo va a ser perfecto.

9.2.06

Martin

Recuerdo la última vez que vi a Martin. Fue en Innsbruck, en invierno, hace cinco años. También estaba Florian. Y Heimo. Al despedirnos, me dijo: "Maybe not the last time". "Why should we think so?", le respondí.

Conocí a Martin en Cannes. Lo pasamos bien aquel verano en el sur de Francia, las tardes en la playa, las chicas, los amigos, la bebida, el crepúsculo de la adolescencia, todavía queríamos ser mayores.

Hoy he sabido que Martin se suicidó hace unos meses.

Lo pasamos bien aquel verano.

10.6.05

Mi abuelo

Mi abuelo nunca coge el teléfono.
Dice que la última vez que lo cogió, en 1936, le mandaron al frente.
Mi abuelo arranca las páginas de los libros conforme las va leyendo.
Dice que sólo lo hace cuando viaja, para quitarse algo de peso.
A mi abuelo no le importa el precio de la gasolina.
Dice que, pase lo que pase, él siempre pone mil pesetas.
Mi abuelo siempre tiene mesa reservada en Santa Catalina, cada tarde, y los camareros le atienden como si fuera el único cliente.
Dice que todavía no se ha acostumbrado al cambio de moneda, y que casi siempre deja una propina de tres o cuatro euros después de tomarse un café solo.

 
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